Brexit o no Brexit…he ahí el dilema

La Dra. Marisol Reyes Soto, es profesora del Departamento de Relaciones Internacionales del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro. [email protected] Publicado en El Financiero, el 20 de Junio de 2016.

El 23 de junio, la Unión Europea, conformada por 28 países y 500 millones de habitantes, enfrentará una de sus pruebas más difíciles de los últimos setenta años ya que los británicos del Reino Unido votarán en un referéndum si quieren seguir siendo parte de esa comunidad de naciones, o bien, se separarán de ella.

El Reino Unido es miembro de la Unión Europea desde el 1 de enero de 1973, y a lo largo de los años ha sido uno de los países líderes dentro del bloque de países, aunque su relación no ha estado exenta de encuentros y desencuentros.

En principio, el Reino Unido no fue un miembro fundador del primer mecanismo económico regional diseñado por Francia y Alemania. En realidad, para los líderes políticos y militares de estos dos últimos países era absolutamente indispensable asegurar la paz y la estabilidad en sus territorios después de la traumática y devastadora experiencia de la segunda guerra mundial. Los negociadores franco-alemanes consideraron que la mejor forma de asegurar el equilibrio geopolítico regional era a través de la creación de poderosos lazos de cooperación e intercambio comercial en todo el continente y así surgió la Comunidad Económica Europea.

Los británicos, finalmente insulares, sólo consideraron pertinente adherirse al proyecto Europeo hasta la década de los años setentas. Posteriormente y a lo largo del tiempo, ésta nación ha hecho patente su excepcionalidad. Quizá el evento más emblemático de esa conducta fue su negación de adoptar al euro y mantener a la libra esterlina como su moneda oficial.

En las primeras décadas del siglo veintiuno, el proyecto de profundización y expansión de la Unión Europea se ha frustrado debido a la aparatosa crisis financiera que experimentaron varios países sureños, especialmente Grecia; así como la incapacidad de articular una respuesta coherente y coordinada para manejar las crecientes olas migratorias del Medio Oriente y África.

El pasado mes de febrero, el Primer Ministro, David Cameron se sometió a una larga y tortuosa negociación con los representantes de los países miembros de la Unión Europea para negociar aún más excepcionalidades con las que pudiese satisfacer las críticas de los euro-escépticos dentro de su país. Al revisar los términos de ese acuerdo es evidente que el Reino Unido quiere mantener una mayor autonomía frente a las instituciones supranacionales de Bruselas y las decisiones que se toman en el parlamento comunitario. Los británicos no están a favor de la profundización, ni la expansión y quiere evitar a toda costa contagiarse de los desequilibrios financieros que aquejan a sus vecinos.

Las encuestas de opinión indican que están muy cerca las posiciones de los británicos que quieren quedarse y los que quieren abandonar Europa. Pronto veremos qué suerte le depara no sólo a Europa, sino al excepcional experimento de los nuevos estados supranacionales.