Constitución ¿Letra viva?

Marisol Reyes Soto,  profesora del departamento de Relaciones Internacionales del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro    [email protected]

El pasado 5 de febrero transcurrieron 96 años desde que se publicó por primera vez en el Diario Oficial de la Federación la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que sigue vigente hasta nuestros días. A lo largo de los años, la conmemoración de este acontecimiento se ha transformado en un espacio protocolario y ritualístico en el que el Presidente en turno suele emitir un discurso reivindicando el espíritu republicano de nuestras instituciones políticas. Queda la impresión, sin embargo, de que para la mayoría de los mexicanos el mensaje pasa totalmente desapercibido. Desafortunadamente se ha perdido el interés cívico que debería despertar esta ceremonia, y en consecuencia, gradualmente se ha erosionado la noción profunda de su significado.

El 5 de febrero debería ser un espacio propicio para que la sociedad mexicana reflexione colectivamente sobre el sentido que tuvo para nuestra nación el conjunto de demandas y expectativas emanadas de la revolución. También nos debería situar en los retos que se abren con el surgimiento de nuevos contextos políticos y sociales en nuestro presente y futuro.

La falta de una cultura cívica vital, robusta y comprometida, se expresa en una sociedad que manifiesta una extendida apatía, desinterés y hartazgo por la política. En el 2012 se dieron a conocer los resultados de la Encuesta Nacional de Valores de la Juventud elaborada por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Autónoma de México y el Instituto Nacional de la Juventud. Esta fue aplicada a 5 mil personas entre 12 y 29 años en 126 municipios del país. En el renglón de participación ciudadana se diagnosticó que el 46 por ciento de los entrevistados manifestaron tener poco interés por la política y 43.2 por ciento nada de interés.

Sería una falacia descalificar rotundamente la apatía de los jóvenes por la situación del país. Por el contrario, el descontento y la desilusión tienen su origen en el limitado número de espacios de expresión legítima para una sociedad cada vez más plural y diversa. Existen múltiples estudios que documentan la mala imagen y reputación que gozan los partidos políticos de todas las denominaciones en nuestro país. Sus proyectos contradictorios, disputas intestinas, y ética pública no cubren las expectativas necesarias para captar a militantes auténticamente convencidos de una afiliación. Preocupantemente, el 92.6 por ciento de los jóvenes dijo no participar en ninguna organización política, en tanto que el 5.2 por ciento de los políticamente activos, prefiere mayoritariamente asociarse en agrupaciones como las llamadas tribus urbanas antes que en las instituciones formales.

Ante el panorama antes descrito una reflexión de fondo en el contexto de la celebración del día de la constitución sería: ¿hasta cuándo seguiremos privilegiando la forma y no el fondo en la construcción de nuestra cultura política?