Crisis y elecciones

Joel Angel Bravo Anduaga es profesor del Dpto.de Relaciones Internacionales del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro y Ex Consejero Electoral de las Naciones Unidas.  [email protected]  Publicado en El Financiero, el lunes 9 de mayo de 2016.

Crisis y elecciones van siempre de la mano. Sea que las fechas de los comicios sean cercanas o no. Un error, una declaración desafortunada, un pasado criticable, etc., puede acabar con las expectativas del mejor candidato, de la mejor propuesta, de la mejor idea. Las crisis económicas, de valores, institucionales, etc., acompañan a los ya muy cuestionados candidatos y por extensión a sus partidos políticos. Un ejemplo es la elección presidencial en los Estados Unidos en donde la descalificación es la “ganadora” en todas las encuestas.

En España, las elecciones generales de diciembre de 2015 se repetirán el próximo 26 de junio. Francia y varios miembros de la Unión Europea, ven con temor o quizá resignación un avance sólido de la extrema derecha. En Alemania, el actual gobierno cada vez ensancha más la factura que la ciudadanía le cobrará debido al cuestionado manejo de la crisis de los refugiados.

América Latina también aporta varios casos para el comentario. Los actuales grupos gobernantes brasileños y venezolanos están inmersos en una compleja red que contiene aspectos jurídicos, políticos, económicos y éticos que conducen a un escenario caótico que trastoca el andamiaje institucional electoral.

Al final, la población no confía en sus políticos, ya sean de extracción tradicional de los partidos históricos o de nuevas agrupaciones. Un amplio porcentaje de mexicanos, españoles, franceses, alemanes, brasileños, etc., no cree en las viejas ni en las nuevas agrupaciones políticas. De la población mundial, que vive en un sistema político democrático, sería interesante saber el porcentaje que cree en los partidos políticos y en las elecciones. Probablemente nos llevaríamos una no muy grata sorpresa.

En este contexto, puede caber el siguiente cuestionamiento, ¿ir a votar es un acto de fe, una costumbre o una esperanza? Esta interrogante se presenta en escenarios políticos, sociales y económicos que al mismo tiempo son conocidos y también inéditos. Rendición de cuentas y corrupción; transparencia y opacidad, aparentes opuestos que se complementan.

El ser humano está viviendo en una época de temor, de violencia, de incertidumbre y en general en una atmósfera plena de inestabilidad. Si un ciudadano va a votar, la interrogante primaria sería saber cuál es o cuáles son las razones por escoger una u otra opción. El problema es que ahora el votante tiene que sufragar no en función de lo que tal o cual candidato le ofrece, sino más bien en lo que necesita hoy y ahora, pues el futuro parece no contar. Al menos en esa elección.