¿Cuánto pesa una etiqueta?

María Teresa Delgado Ortiz es Docente y Coordinadora de la Academia de Español en la PrepaTec, Querétaro. [email protected]

Desde tiempos remotos, los individuos al estar en contacto con otros, han necesitado recurrir a las etiquetas. Primero, para identificar; después, para separar. Las connotaciones de este concepto van desde aquel pequeño letrero que sirve para clasificar frascos, carpetas, estantes y objetos, hasta aquellas generalizaciones que determinan a qué grupo social o cultural pertenecen o incluso, rechazan, los seres humanos.

En la era de la tecnología cibernética ha surgido un nuevo significado, el anglicismo #hashtag que quiere decir: “#etiqueta”. El sencillo símbolo –antiguamente llamado “de número”-, ahora se le nombra cariñosamente “gatito” por su semejanza con el dibujo de ese sencillo juego en el que se cruzan tres círculos o cruces en una sola línea vertical, horizontal o diagonal. A un lado, se coloca el nombre de la “etiqueta” a la que se unen los cibernautas, principalmente en Twitter, pero extendida al resto de las redes sociales.

Ese inofensivo símbolo está creando infinidad de grupos de temas que los usuarios siguen por afinidad y cuya aparición es efímera; se puede buscar el #hashtag del día, por ejemplo. Sin embargo, con ello están dejando que la red los separe y clasifique en grupos sociales. Los #hashtags han resultado tan superficiales como exagerados, al igual que las opiniones y comentarios ahí contenidos. Resultan banales, reducen ideologías y conductas a prejuicios o categorías sociales sin sentido. Algunas veces, los #hashtags se utilizan como entretenimiento. Otras, como máscara de ataque y desaprobación hacia otros seres humanos.

De existir en el pasado, los #hashtags serían: #judíos y #nazis; #burgueses y #marginados; #socialistas y #capitalistas; #militares y #terroristas. Hoy, son así: #Trump; #Deportados; #Refugiados; #Felizmartes; #Poesíaobarbarie; #cosasbuenas; #HechoEnMéxico, entre millones más.

Las etiquetas, grosso modo, cumplen una función determinada al ordenar el mundo, pero se convierten en un riesgo cuando son excesivas y se pretende con ellas justificar una serie de intenciones despectivas que solamente encierran ignorancia e intolerancia hacia otros grupos sociales. Vale la pena comenzar a cuidar el peso de las etiquetas asignadas a los demás, sea en el mundo real o en el virtual; de manera intencional o de buena fe. Sin la conciencia de ese balance, el peso de cada etiqueta podría caer encima de su colocador.