Después de Trump, una nueva etapa para las encuestas

Joel Ángel Bravo Anduaga es profesor del departamento de Relaciones Internacionales del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro. jabravoa@itesm.mx                Publicado en el a.m. el 20 de noviembre del 2016

Después del triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos, se encuentran muchas interpretaciones para explicar las razones por las que ganó, a pesar de que más del 95% de las encuestas daban como triunfadora a Hillary Clinton.

Más que las razones cualitativas que se han estado enumerando, este texto desea llamar atención a lo que probablemente sea un parteaguas en la historia y desarrollo del uso de las encuestas en el futuro inmediato y mediato.

Históricamente, se tiene conocimiento de que diversas civilizaciones antiguas instrumentaron acciones para conocer la realidad social, de percibir el “sentir general del pueblo”. Sin embargo, no es hasta la segunda mitad del siglo XVII que se empieza hablar de una aritmética política, con énfasis en información sobre la natalidad, mortalidad y la cantidad de habitantes en Londres, por ejemplo. De igual forma, se hicieron estudios similares en Francia, años después.

Para el siglo XIX se permea una idea, atribuida a Auguste Comte, que se podría resumir como “Le connaître pour prévoir et le prévoir pour pouvoir (El conocer para prever y el prever para poder). Esto se da en una atmósfera en donde predomina la convicción de que un buen gobierno se debe basar en información precisa y la población era la primera fuente a la que se podía acceder.

Es hasta los años treinta del siglo pasado, cuando se empodera el estudio cuantitativo de la sociedad. En esa década George Gallup y otros especialistas usan muestras de 4000 a 5000 personas para predecir resultados electorales. Se usan segmentos diferenciados, cuotas de población específica y se extiende el uso de encuestas en instituciones públicas, privadas y universidades. Durante todo el siglo XX y en los inicios del XXI, el uso de las encuestas derivó en un instrumento incluso de presión hacia la población. En varios países, se presentó un uso desmedido y hasta un abuso en los estudios de opinión pública.

Probablemente, después de la elección Trump, veamos alguno o varios de los siguientes escenarios en el uso de las encuestas: una creciente desconfianza; una campaña de desacreditación hacia este tipo de estudios; un mayor desconocimiento por parte de la sociedad de lo que se puede y no se puede medir con este tipo de estudios, y, lo que sería más acertado e inteligente, una profunda revisión en la forma de construir indicadores y variables para la elaboración de nuevas metodologías que puedan entender y aproximarse más a la sociedad.