El acceso a la gasolina, ¿es un derecho ciudadano?

Joel Angel Bravo Anduaga es Profesor del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro. Contacto: jabravoa@itesm.mx, Publicado en “El Financiero” el 19 de enero del 2017.

Desafortunadamente, no recuerdo el nombre de un profesor que señaló, durante mis cursos universitarios, la existencia de tres condiciones para que un país, y por ende una sociedad, tuviera posibilidades reales de mantener y/o continuar su desarrollo. La primera condición era el acceso al agua; la segunda el acceso a los alimentos y la tercera el acceso a la energía. Los tres accesos eran necesarios e inseparables, pues a falta de uno de ellos, los otros dos no podrían presentarse.

Con los recientes incrementos a la gasolina en México y los que vengan en las próximas semanas, no solamente el desarrollo, sino el mantenimiento de una precaria estabilidad de nuestra sociedad está claramente en riesgo. Si como lo mencionaba mi profesor, la triada energía-alimentos-agua no está garantizada, los problemas se irán sumando y se irán complejizando.

Los argumentos del gobierno sobre el aumento de los precios internacionales del crudo; los factores externos geopolíticos o el cuidado de las finanzas públicas nacionales, no tienen el sustento necesario para justificar decisiones que ponen en riesgo, ya no el bienestar sino la sobrevivencia de miles de familias mexicanas. Cualquier mexicana y mexicano sabe que para producir alimentos se necesita agua y que para transportarlos se necesitan energéticos (gasolina, diésel, etc.). La triada planteada por mi profesor es más vigente que nunca y además tiene diferentes ramificaciones que vulnerarán aún más los ya trastocados bolsillos de los ciudadanos.

En diferentes medios han circulado tablas comparativas con la relación precio-salario por litro de gasolina en diferentes países, que ilustran las disparidades presentes y futuras que nuestra sociedad sufrirá, específicamente en el sector energético y sus consecuencias negativas. Es cierto que en Noruega el litro cuesta poco más de 37 pesos mexicanos; en Francia 30 y en China casi 20 pesos, mientras que en nuestro país su precio ahora es de 16. La “pequeña” diferencia es que el salario por hora noruego es de 466 pesos mexicanos; en Francia es de 173 y en China es de 24, en tanto que en México es de solamente 10 pesos.

De tal suerte, al hacer un sencillo análisis en pesos mexicanos, de las cifras antes citadas, los mexicanos estamos en una situación de clara desventaja. ¿Acaso no debería de ser un derecho ciudadano el real y seguro acceso a la energía, si de ella depende la producción y distribución del agua y los alimentos?