El caso FICREA – Corrupción que disminuye productividad

Dr. Miguel Rocha Romero, director de la Maestría en Sistemas de Calidad y Productividad del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro          [email protected]

En las dos últimas semanas ha estado en las noticias nacionales el tema del fraude de la empresa Ficrea, donde un gran número de ahorradores perdieron sus ahorros ante una empresa que utilizaba esos fondos para enriquecimiento ilícito de los dueños y administradores así como ante un sistema legal mal diseñado y peor implementado que poco o nada hace ante estas situaciones.

La corrupción se presenta en México en todos los niveles y momentos: desde uso de recursos nacionales para provecho propio (La Casa Blanca, fiestas en la rotonda de los hombres ilustres) hasta en temas cotidianos (pago a franeleros en la calle para estacionarse). La corrupción, querámoslo o no, está presente en nuestras vidas y marca cada uno de nuestros días como personas, familias y nación. Como profesionista y académico de los sistemas de calidad y productividad, el fenómeno de la corrupción me parece uno de los problemas más graves con los que se enfrenta México como país en su desarrollo; la corrupción es incluso tal vez más grave que la falta de educación o la pobreza extrema y seguramente la más difícil de eliminar.

Por definición, en un sistema productivo –la familia, una empresa, una comunidad o una nación- todos los miembros buscan objetivos comunes que beneficien al sistema. La corrupción es una degradación de uno o más elementos del sistema ocasionando que el sistema funcione mal o incluso que se rompa. Por ejemplo, en el caso de Ficrea, los resultados para México como sociedad son: desconfianza en los sistemas de ahorro y por ende una menor utilización de los mismos y un reforzamiento (crecimiento) de mecanismos de control muchas veces ineficientes o que incluso terminan siendo caldo de cultivo de la corrupción. Como se observa, la corrupción afecta a los resultados que el sistema obtiene (disminución de ahorro por falta de confianza) así como a la cantidad de recursos invertida (incremento de mecanismos de control anticorrupción). Este fenómeno crece como espiral en un círculo vicioso desgastando cualquier esfuerzo por mejorar del sistema. Es un cáncer interno que solo mediante una remoción quirúrgica puede ser erradicado.

En México se están realizando diversas estrategias para incrementar la productividad de nuestro querido país y van desde mayor educación, apoyo a la investigación, promoción de nuestro país en el extranjero, y otros. Sin embargo, el cáncer de la corrupción debe ser erradicado en donde se encuentre y para ello no debemos solo de incrementar los mecanismos de control (mas leyes, más policías, más auditores) que la práctica muestra que son pasto propicio de la corrupción sino en un cambio más de fondo: un cambio cultural de fondo a través de perseverar en un compromiso individual hacia los valores de honestidad, trabajo en equipo y compromiso. Nuestra productividad, una de las más bajas de la OCDE, está claramente ligada a nuestro indicador de corrupción y falta de transparencia, uno de los más altos de la misma organización.