El elemento humano en la competitividad

La Dra. Claudia Leal García es profesora del Departamento de Mercadotecnia y Negocios Internacionales del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro. [email protected] Publicado el El Financiero, el 27 de Junio de 2016.

Actualmente, hay una línea prácticamente invisible entre los discursos de competitividad y de desarrollo económico y bienestar. Hablar de uno es hablar de los otros y dada la importancia que ha cobrado el territorio, el análisis de la competitividad territorial se ha convertido en un tema crucial que supone un bienestar en forma automática. Sin embargo, es importante aclarar que la competitividad territorial está anclada al bienestar de sus ciudadanos porque la competitividad es sólo un medio para conseguirlo.

La productividad es una condición necesaria para la competitividad, pero como señalara Ronald Martin, un gurú de la competitividad territorial, tampoco es una condición suficiente. Esto es porque la productividad puede ser acrecentada con reducciones en los niveles de empleo o reducción de los salarios, lo cual no contribuye al bienestar. Por otro lado, el bienestar no sólo es sinónimo de ingreso. Hoy en día éste es sólo uno de los elementos que se consideran para medir el bienestar. Es bien sabido que medir el bienestar con el PIB no es suficiente porque éste indicador no contabiliza los efectos colaterales, positivos o negativos del proceso productivo.

Además, el bienestar es un concepto multidimensional que va más allá de cuestiones materiales y que incluye factores como la realización personal, la familia, la justicia social, la sustentabilidad y el compromiso ciudadano, entre otros elementos. Esta evolución del concepto de bienestar requiere también una evolución en las políticas públicas. Hasta ahora, las políticas se han orientado a las cuestiones más básicas, llámense pensiones, salud, educación, vivienda o empleo. Sin embargo esta multidimensionalidad requiere también del diseño de políticas más complejas, más robustas desde su concepción, creadas especialmente para promover la participación ciudadana, la inclusión de los grupos más vulnerables, políticas que promuevan el cuidado de los recursos naturales, es decir, que estén dirigidas intencionalmente a favorecer cada uno de los atributos que conforman el bienestar.

Tenemos que humanizar los procesos económicos. Las políticas tendrán más impacto cuando sean diseñadas a partir del elemento humano. Me quedo con la idea de que políticas para mejorar la competitividad que siempre han tenido tintes económicos, deberían centrarse cada vez más en el ser humano que pide a gritos resolver cuestiones que van más allá de lo material.