El emprendimiento universitario: un impulso a la economía social

LCC Yuriria Pérez Vigueras, profesora del Departamento de Administración y Emprendimiento del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro.          [email protected]

El término economía social se refiere, a grandes rasgos, a todas aquellas actividades económicas de carácter privado basadas en la asociación de personas, con primacía de las aportaciones personales sobre las de capital y donde la distribución del beneficio y la toma de decisiones no están directamente ligadas con el capital aportado por cada socio (Vasserot, 2012). Como sociedad, a lo largo de la historia, hemos atravesado por varios procesos de organización política y económica, que nos han llevado a construir distintas estructuras que nos permitan vivir en colectivo. Actualmente, nos encontramos en un modelo económico que ha trascendido a ser un modelo político y social, el cual, al estar centrado únicamente en el capital, ha demostrado tener distintas áreas de oportunidad, puesto que su visión concentra los esfuerzos en la propiedad, más que en el acceso.

Hoy sabemos que un desarrollo empresarial duradero no puede concentrarse únicamente en lo económico; es necesario considerar el valor social en lo que hacemos y procurar que nuestro quehacer de negocios impacte positivamente en las vidas de las personas. Un ejemplo dentro de lo anterior son las start-ups, aquellas empresas que se diferencian de otras por dos características principales: su alto nivel de innovación y su alto nivel de riesgo.

En cuanto a la primera característica, las universidades pueden ser un semillero de emprendedores de start ups, no solamente por el valor económico que puedan aportar la creación de empresas, sino por la enorme contribución a la economía social. Emprender un negocio sin considerar el ámbito social es destinarse al fracaso; el reto está más bien en incorporar a la actividad empresarial el valor social, sin necesidad de utilizar esquemas asistencialistas o de caridad.

Como impulsores de agentes de cambio, las universidades debemos considerar prioritario el fomento y apoyo a proyectos emprendedores, en particular aquellos orientados a cubrir una necesidad social, más allá de la económica. De esta forma, podemos contribuir a reducir ese nivel de riesgo de las start-ups y promover entre nuestros estudiantes una visión de negocios innovadora y orientada al desarrollo sostenible de su entorno.