Emprendimiento Popular

Miguel Ángel Rodríguez Montes, profesor del Departamento de Emprendimiento del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro     [email protected]

En México existe un gran potencial de emprendimiento y un gran ánimo de su población de acercarse a él, que puedo dividir en dos sectores: los emprendedores que buscan lanzarse por independencia y realización profesional o personal; y los emprendedores que se lanzan para sobrevivir.

Cuando emprender se vuelve una opción de supervivencia económica, se convierte en un proceso rápido, sin escrutinio, y muchas veces donde se elige la opción más fácil, rápida, barata y rentable. Este proceso de emprendimiento da como resultado los pequeños comercios que vemos proliferar en todas las ciudades y comunidades mexicanas, pequeños comercios que venden productos o prestan servicios estándar o de baja calidad, comercios efímeros que se establecen en mercados, tianguis o en las calles, donde muchas veces encontramos informalidad, ilegalidad y falta de control por parte de las autoridades, es decir, un emprendimiento más popular que profesional.

¿Por qué el emprendimiento popular, que surge de la necesidad económica de las familias, en la mayoría de las veces está marcado por un grave descontrol, falta de preparación y de calidad? ¿Por qué no, nuestro emprendimiento popular puede llegar a ser estandarte de la fortaleza y empuje de nuestra clase media, y convertirse en una batalla entre “comerciantes” y “pequeños empresarios”? ¿De quién es responsabilidad?

Como miembro de una comunidad emprendedora, creo que es responsabilidad conjunta del gobierno, instituciones educativas y programas de emprendimiento, de fortalecer a grandes grupos de emprendedores que planean sobre la marcha, y a quienes no les alcanzan los recursos para profesionalizarse.

Es en ese gran sector de la población en quien descansa el sustento de millones de familias, aventadas, con ánimos de salir adelante, pero que al surgir precipitadamente no generan valor, innovación y no crecen como merecerían hacerlo.

Y creo que la falta de profesionalismo como en muchas otras áreas, es nuestro punto débil como País; falta profesionalizar los servicios públicos, la educación, el crecimiento urbano, etc. La falta de profesionalismo y de visión a largo plazo nos detiene, confunde y nos hace daño.

El emprendimiento es un tema que debe instruirse desde la educación básica como el idioma español, las matemáticas, el fútbol. La creación de un verdadero sistema emprendedor que impacte de manera positiva a la mayoría de la sociedad, es parte de nuestra hipoteca social (Ramírez, David Noel, 2013) como profesionistas y como instituciones fuentes de conocimiento.

Sin duda, no es un tema ni un proceso fácil, probablemente antes debamos resolver problemas más urgentes como sociedad; pero tenemos que aprovechar el interés, la habilidad y la fuerza de los emprendedores populares para apoyar su profesionalización e impulsar políticas públicas que doten de herramientas e instrumenten el ímpetu de esta clase trabajadora, para desarrollar un beneficio económico integral que a la larga ayude a reducir la brecha de desigualdad que tanto ha lastimado a nuestra economía y a nuestra sociedad.