Empresas Sociales: ¿un híbrido fiscal?

Prof. Elsa N. Ontiveros Ortíz, Departamento de Humanidades y Relaciones Internacionales del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro.    [email protected]        twitter: @elsaontiveros

Para todos nosotros es normal saber que el gobierno dirige, las empresas producen dinero y las organizaciones de la sociedad civil se encargan de lo que los gobiernos no alcanzaron o no quieren cubrir, como personas en situación de calle, migrantes, y otros. Sin embargo, el único que produce los fondos que hacen funcionar el gobierno y las organizaciones de la sociedad civil o ONGs, son las empresas. No es novedad que al tratar de expander las economías se incentivise el consumismo, mismo que esta destruyendo al mundo.

En el 2015 ya hemos rebasado, en agosto, los recursos asignados para vivir este año como población mundial, se calcula que necesitamos un planeta y medio para mantener el nivel de consumo actual. Regresando a los gobiernos, para subsidiar sus actividades se valen de los impuestos recaudados de toda actividad empresarial (comercial y de servicios) y financiera, sin embargo las ONGs cuentan con una excepción estricta al ser donatarias autorizadas, lo cual significa que están exentas de impuestos sobre sus actividades. La lógica de esto es que, al igual que el gobierno, se dedican a llevar acabo actividades que benefician a la sociedad, y generalmente estos servicios y actividades sobrepasan en calidad y eficiencia a las actividades gubernamentales. Sin embargo, para enfrentar las variadas problemáticas sociales y medio ambientales tan graves, profundas y variadas, nos encontramos ahora con un grupo creciente de emprendedores sociales.

Los emprendedores sociales se dedican a hacer negocios pero identificando las áreas de oportunidad que beneficien a la sociedad de manera directa, que hacen que las necesidades básicas lleguen a las poblaciones más rápido y más barato, o de manera gratuita. Hay diferentes esquemas de valor agregado como el de compra uno y nosotros regalamos uno (ya sea paga una colegiatura y con esto se apoya a otro niño de escasos recursos), o bien, la elaboración de productos sin impacto ambiental. En México aún no vemos suficientes jóvenes como estos, y si la pregunta es ¿porqué no? la respuesta esta precisamente en la cantidad de impuestos que las empresas sociales tienen que pagar, que son iguales a los de cualquier empresa. En otras palabras, un minera que contamina ríos y no paga por eso, pagará los mismos impuestos que una empresa mencionada anteriormente.

En Estados Unidos y en algunos países Europeos, para enfrentar las problemáticas que nos acosan, se han desarrollado empresas de ganancias limitadas que aportan beneficios a la sociedad. De esta manera haciendo un híbrido entre una ONG y una empresa, que como tal, merece esa linea media en el pago de impuestos. La creación de una política pública que refleje el espacio fiscal real para estas empresas, sólo incentivará a nuevos empresarios a diseñar desde un valor agregado y también será un incentivo importante para que las grandes empresas -que se encuentran atrapadas en sistemas productivos dañinos para el medio ambiente, o en otras palabras, para todos- puedan comenzar a repensar sus sistemas.

Por el momento, la organización Gen M, A.C., en conjunto con otras organizaciones de la sociedad civil, analizan ya estás ideas. En México estamos muy a tiempo para implementar un esquema innovador que genere un cambio positivo por medio de un incentivo inmediato que reconsidere a situación fiscal para empresas sociales.