Explicación y efectos del Brexit: una lectura preliminar

La Dra. Marisol Reyes Soto, es profesora del Departamento de Relaciones Internacionales del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro. [email protected] Publicado en el a.m. el 03 de Julio de 2016.

El 24 de junio el Reino Unido se despertó con la noticia de que abandonaría a la Unión Europea debido a que 52% de los más de treinta millones de electores convocados en un referéndum votaron por dejar el espacio europeo. El resultado fue sorpresivo incluso para los especialistas que llevan años analizando el comportamiento político británico ya que, en realidad, hasta el último minuto del cierre de la votación se esperaba la derrota de los euroescépticos.

¿Qué explica su triunfo? responder a esta compleja pregunta implica considerar múltiples dimensiones, pero sin duda, uno de los factores sobresalientes fue el peso del voto de Inglaterra, que junto con Gales, claramente decidieron la opción Brexit con más del cincuenta por ciento de los electores. El dominio inglés no pudo ser detenido por Escocia e Irlanda del Norte, naciones con un menor número de habitantes y que votaron mayoritariamente por permanecer dentro de la Unión Europea  porque en los últimos años esas naciones se han beneficiado de la inversión de la Europa continental. Ante una división regional tan evidente no es aventurado pensar en que en el corto plazo los escoceses e irlandeses busquen su independencia, irónicamente, el Reino Unido se desmembraría para transformarse en una “pequeña Britania”.

El ímpetu y popularidad que alcanzó la propaganda euroescéptica es otro factor que debe analizarse con detenimiento. La grosera exaltación de la migración como el origen de todos los males fue un arma poderosa y efectiva para capturar la imaginación de las clases medias temerosas de su seguridad física y económica. En paralelo, los sectores desempleados golpeados por las crisis financieras compraron la idea de que sus fuentes de trabajo han sido usurpadas por los extranjeros. El discurso euroescéptico se transformó así en un símbolo retrogrado de identidad entre “lo británico” y “los otros”.

Las elites políticas de los partidos dominantes no estuvieron a la altura de las circunstancias. Concentrados en sus parroquiales luchas por el poder, los conservadores y los laboristas también se dividieron. La opinión pública quedó muy confundida al presenciar ardientes debates y golpes bajos entre congresistas que comparten el mismo espacio en el Parlamento pero apoyaban argumentos totalmente antagónicos. Tristemente, los políticos contribuyeron a agravar la sensación de incertidumbre y desconfianza de la ciudadanía.

El sismo del referéndum también tocó el núcleo familiar. Los hogares británicos se separaron en brechas generacionales. Los jóvenes cosmopolitas que nacieron en la etapa de post-posguerra y que fueron educados para competir en un mercado global se enfrentaron a los padres y abuelos que idealizan la sencilla vida insular. Los pensionados obtuvieron su hogar y su estabilidad económica a la sombra del esplendor europeo. Sus nietos no gozan de la misma suerte.

A decir verdad, todavía es prematuro dimensionar todas las consecuencias del Brexit y sólo el tiempo determinará el precio que tendrá que pagar el aislacionismo en la era globalizadora.