Falta de tacto

María Teresa Delgado Ortiz es profesora de Español, Comunicación y Literatura de los Programas: Bicultural, Multicultural y Bachillerato Internacional de la Prepa Tec de Monterrey Campus Querétaro.                  [email protected]

El otro día escuchaba un comentario en la televisión acerca de la falta de modales y buenas maneras en las personas que conforman nuestra sociedad, ¡en pleno siglo XXI! De inmediato irrumpieron en mi mente algunas frases tomadas de un Manual que mi abuelita solía recitar en familia, siempre que la ocasión lo ameritaba. Se trata del Manual de Carreño, un curso completo de urbanidad y buenas maneras.

En este manual se indicaban las normas que los individuos debíamos seguir para conducirnos en sociedad. “Llámese urbanidad al conjunto de reglas que tenemos que observar para comunicar dignidad, decoro y elegancia a nuestras acciones y palabras”, definía el autor. En su contenido se abordaban los comportamientos de hombres y mujeres que debían observar dentro y fuera de casa. Además, incluía consejos para colocar platos y vasos en la mesa, la forma correcta de comer y conversar, también cómo comportarse en la iglesia o en una reunión, y si usted tenía el rol de anfitrión, también le aconsejaba qué regalos dar, cómo saludar a sus invitados y sobre qué temas conversar.

Manuel Antonio Carreño (1812-1874) era venezolano y se dedicó a la música, la pedagogía y la diplomacia. Se hizo muy famoso por haber escrito su Manual de urbanidad y buenas maneras que distinguió el buen comportamiento de generaciones de finales del siglo XIX y mitad del siglo XX en México y Latinoamérica. Su manual era la referencia de la buena educación y nunca se cuestionaba.

Sin embargo, conforme la sociedad “ha evolucionado”, desechó tales normas. Ya no parece importante, por ejemplo, que se le pida a un señor que usa gorra o sombrero que sólo lo haga en sitios abiertos y cuando esté con personas de confianza. De acuerdo con Carreño, el hombre nunca debe portar sombrero al saludar a una dama o al conversar con una persona mayor de edad y jamás estando en un sitio cerrado. Si hoy usted acude a una sucursal bancaria, hay distintos señalamientos que prohíben el uso de gorra y sombrero, por cuestiones de seguridad, pero puede estar seguro que más de la mitad de los usuarios portan, en ese momento, gorra y otros accesorios no permitidos.

Así es, nuestra sociedad ha considerado borrar del mapa tanto los buenos modales como el civismo, pero ¿sabía usted que muchos institutos están surgiendo, actualmente para enseñar buenos modales a los jóvenes? Desde cómo caminar con zapatos de tacón, cuidar la forma en que se baja o sube una escalinata, cómo redactar su currículum vitae y qué vestimenta utilizar en la entrevista de trabajo, son necesidades reales de la sociedad del siglo XXI. Quizá la nueva “Carreño” de nuestro tiempo sea la autora y comunicadora Gaby Vargas quien ha basado sus libros y cápsulas de vídeo en una actualización de aquel viejo Manual.

Comunicar noticias desagradables u omisiones que se han hecho por equivocación han perdido el decoro porque ya no hay ni etiqueta ni protocolo que las guíe. Informar la muerte de alguien, por ejemplo, se ha vuelto un acto mecánico; comunicar que el cheque de su pago no salió esta semana porque “se cayó” el sistema conlleva frialdad; llegar a la fiesta aunque no fue invitado o bien, llevarse uno de los regalos del festejado, son acciones cínicas que se realizan y se aprenden porque “todo mundo las hace”.

El tacto y la delicadeza antes se cultivaban en casa. Hoy, en que lo “retro” está de moda, parece importante observar la necesidad de volver a lo básico, a recuperar los modales y el tacto. Si estos elementos ya no se enseñan en casa, quizá debamos comenzar a fomentarlos de manera formal en las escuelas como una “innovación retro”.