Humanizar desde la universidad (4): competencias éticas profesionales

Fernando Arriaga es profesor del Departamento de Humanidades del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro  [email protected]     Publicado en el a.m. el 2 de octubre del 2016

Decíamos que la educación universitaria debe tender en la actualidad al desarrollo en sus estudiantes de competencias disciplinares y transversales. Estas últimas incluyen las competencias  éticas y ciudadanas, entre otras. Veíamos también que estas se orientan al importante y noble objetivo de la humanización de la humanidad, es decir, a la construcción de  un mundo mucho más humano. Esto se logra a través de actitudes y acciones concretas que humanicen en el entorno en el que cada quien se desenvuelve. La filósofa norteamericana Martha Nussbaum, referente obligado para la reflexión sobre el papel de la educación contemporánea, habla del  cultivo de la humanidad, mismo que se estimula a través de lo que es una educación liberal para el siglo XXI.  Cabe, por supuesto, preguntarnos en qué consiste esto y cómo nos aseguramos de que los estudiantes realmente adquieran las competencias éticas y ciudadanas necesarias para ello. Esta autora hace ver lo indispensable en la formación de traer al currículo temas específicos para el desarrollo ético y ciudadano. Pero estos temas deben considerarse en el contexto del desarrollo del pensamiento, digamos, crítico y autocrítico. Basada en lo que llama el autoexamen en Sócrates, y en la filosofía de los estoicos,  afirma que  una educación “libre” sería aquella  “…que  hace a sus alumnos libres, capaces de hacerse cargo de sus propios pensamientos y de desarrollar un examen crítico de las normas y tradiciones de la humanidad.”  No es poca cosa si consideramos que la vida plena en una sociedad democrática y plural como a la que  aspiramos, implica el ejercicio de la libertad determinada auténticamente por los individuos. Ahora bien, recordemos que al hablar de competencias hablamos de acciones que lleva a cabo quien posee la competencia concreta. ¿Qué tipo de acciones debemos observar en alguien para afirmar que efectivamente cuenta con esa competencia que es el pensamiento crítico y autocrítico?  Evidentemente serán acciones que revelen el cuestionar, el poner en duda y el asentir o negar después de un examen lo suficientemente profundo y extenso. ¿De qué? Todo es motivo de reflexión, de modo que la competencia debe ir de la mano de la capacidad de deslindar lo que apremia cuestionar de lo que no. Así que es importante también desarrollar esa inteligencia y sensibilidad para la delimitación temática. Nussbaum considera relevantes la ciudadanía global (ciudadanos del mundo); las culturas no occidentales; estudios de la mujer; sexualidad humana, entre otros. Por supuesto que a esos temas se deben agregar muchos más que reclaman de un debate ético-político: derechos humanos y su vulnerabilidad;  libertad y diversidad sexual; definición de familia; libertad de expresión; pobreza; corrupción; legalización de las drogas; educación; medio ambiente. Para todos ellos, lo ideal es que el futuro profesional cuente con conocimientos, criterio ético y argumentos sólidos y bien intencionados y una actitud  incluyente, respetuosa, que dignifique la vida humana, es decir, que realmente abone a la humanización de la humanidad. Todo ello justifica, entonces, la intención educativa de formar para el desarrollo de la competencia transversal del pensamiento crítico y autocrítico.