Humanizar desde la universidad (5): competencias éticas profesionales

Fernando Arriaga es profesor del Departamento de Humanidades del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro  [email protected]        Publicado en el a.m. el 9 de octubre del 2016

Veíamos que Martha Nussbaum, establece las condiciones para estimular el “cultivo de la humanidad”, quizá la meta más alta que pueda proponerse la educación universitaria hoy en día. Hablamos de competencias disciplinares y transversales. Estas últimas relacionadas con el marco ético-ciudadano, base de la ética y moralidad indispensables para la gestión de una sociedad democrática, plural, intercultural, incluyente y global. Mencionamos una primera  competencia: el examen crítico de uno mismo y de las propias tradiciones. Esta competencia se refiere, en realidad, y de acuerdo al ideal socrático, a lo que se conoce como vida examinada. El examen crítico, fundamento de la filosofía, implica la habilidad de razonar lógicamente, de poner a prueba y consideración lo que uno piensa, lee, escucha, dice o escribe. Para ello se requiere solidez en el razonamiento, exactitud en los hechos y precisión en el juicio. Es en el desarrollo de esta primera competencia fundamental donde se analizan  las llamadas falacias. Ardides argumentativos que disfrazan falsedades con la aparentemente bien presentada verdad.

Argumentar bien implica construir razonamientos válidos y descubrir aquellos que son a final de cuentas falsos. Una segunda competencia fundamental es la que se refiere a la capacidad de verse uno mismo no sólo como perteneciente a un grupo o localidad, sino saberse perteneciente a la humanidad. Saberse y ser consciente de que somos seres vinculados con todos los demás seres humanos. La competencia se manifiesta en las acciones de inclusión, de respeto activo, de promoción y cuidado de los derechos humanos universales así como en acciones que abonan a la gestión de una sociedad justa. Por supuesto que es necesario contar en esta formación ético-ciudadana con las definiciones críticas de los conceptos mencionados. Por ejemplo, comprender críticamente lo que es una sociedad justa. La tercera competencia fundamental es la llamada imaginación narrativa, relacionada principalmente con la literatura. Consiste en la disposición y capacidad de pensar cómo sería estar en el lugar de otra persona. Esta capacidad es fundamental en la tarea de humanización. La empatía no es sólo emocional, sino que requiere la interpretación inteligente de la historia o narrativa de una persona.

El trato digno y respetuoso hacia todo ser humano es un requerimiento ético basado en el hecho ético-político de la igualdad en dignidad de todos los seres humanos. Pero sobre este requerimiento debe edificarse el entendimiento y la comprensión.  La literatura, nos permite vivir más conscientes  de la vida de otros seres humanos,  condición que puede favorecer el respeto por la diversidad, además de estimular la reflexión ética y el espíritu crítico.  Vargas Llosa, en su discurso Nobel, resalta el papel ético primordial que la literatura ha jugado y juega en el devenir del hombre cuando afirma que: “…hay que repetirlo sin tregua hasta convencer de ello a las nuevas generaciones: la ficción… aguza la sensibilidad y despierta el espíritu crítico. Es una necesidad imprescindible para que la civilización siga existiendo, renovándose y conservando en nosotros lo mejor de lo humano. .. Y porque un mundo sin literatura sería un mundo… de autómatas privados de lo que hace que el ser humano sea de veras humano: la capacidad de salir de sí mismo y mudarse en otro, en otros, modelados con la arcilla de nuestros sueños”