Humanizar desde la universidad (6): competencias éticas profesionales

Fernando Arriaga es profesor del Departamento de Humanidades del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro  [email protected]   Publicado en el a.m. el 6 de noviembre del 2016           

Tres de las competencias que Martha Nussbaum establece como condiciones para estimular el “cultivo de la humanidad” y de las que hablamos en la entrega anterior son: el examen crítico de uno mismo y de las propias tradiciones; el saberse perteneciente a la humanidad; y la llamada imaginación narrativa, que sabemos está relacionada principalmente con la literatura. La literatura, nos permite desarrollar el respeto por la diversidad, además de estimular la reflexión ética y el espíritu crítico. Entre otros, Mario Vargas Llosa resalta el papel ético y crítico que la literatura ha jugado y juega en el devenir del hombre. En efecto, la literatura es un bien cultural que estimula el razonamiento ético a través de las imaginación narrativa. En su discurso Nobel, Vargas Llosa afirma: “…gracias a la literatura, a las conciencias que formó, a los deseos y anhelos que inspiró, al desencanto de lo real con que volvemos del viaje a una bella fantasía, la civilización es ahora menos cruel que cuando los contadores de cuentos comenzaron a humanizar la vida con sus fábulas. Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos inquietos e insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso ni siquiera existiría…. Inventamos las ficciones para poder vivir las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola”. Por supuesto que cada una de estas  afirmaciones es materia de reflexión y crítica. En ese sentido, creo que es verdad que la lectura despierta esa actitud de no estar conformes con los aspectos de lo real que no parecen los mejores y propicia el espíritu crítico al contrastar diferentes realidades de ficción con la propia realidad cotidiana en la que vivimos. También creo que es verdad que la lectura de ficción posibilita un ensanchamiento de los horizontes humanos. A leer conocemos las vicisitudes de la persona humana ”concreta”. Aunque normalmente los personajes de una novela son ficticios, a final de cuentas podríamos considerarlos “reales”. Los conocemos, a los personajes, desde dentro, por decirlo así, como si fuéramos nosotros mismos. Esta experiencia nos permite desarrollar una cuarta competencia ética esencial: el respeto activo. Pero hay más, la imaginación narrativa también coadyuva al desarrollo de la capacidad de inclusión y el respeto por las diversas culturas, fundamento de la competencia de inclusión en general. En un mundo convulsionado por la muestras lamentables de intolerancia, es necesario recurrir a todos les recursos disponibles para la importante labor de humanizar a la humanidad.  Dice Vargas Llosa: “La buena literatura tiende puentes entre gentes distintas y, haciéndonos gozar, sufrir o sorprendernos, nos une por debajo de las lenguas, creencias, usos, costumbres y prejuicios que nos separan. Cuando la gran ballena blanca sepulta al capitán Ahab en el mar, se encoge el corazón de los lectores idénticamente en Tokio, Lima o Tombuctú. Cuando Emma Bovary se traga el arsénico, Anna Karenina se arroja al tren…el estremecimiento es semejante en el lector que adora a Buda, Confucio, Cristo, Alá o es un agnóstico, vista saco y corbata, chilaba, kimono o bombachas. La literatura crea una fraternidad dentro de la diversidad humana y eclipsa las fronteras que erigen entre hombres y mujeres la ignorancia, las ideologías, las religiones, los idiomas y la estupidez.” En la siguiente entrega hablaremos del papel de la música en el desarrollo de las competencias éticas.