Humanizar desde la universidad: examen crítico de uno mismo y de las propias tradiciones

Fernando Arriaga es profesor del departamento de Humanidades del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro. [email protected]

La filósofa norteamericana Martha Nussbaum, en El cultivo de la humanidad, habla de los requerimientos que la educación debe cubrir para orientar a los educandos hacia la humanización de la humanidad. Esta es quizá la meta más alta que pueda proponerse la educación universitaria hoy en día, ya que implica la conciencia acerca de la importancia de orientar la sociedad hacia la dignificación de los bienes (alimentación, educación, salud, recreación, cultura, deporte…) y derechos que aspiramos a que tengan todos los seres humanos. En suma, la realización de una auténtica sociedad justa.

Hablamos en el ámbito universitario de competencias disciplinares y transversales. El desarrollo de estas últimas es indispensable para la gestión de una sociedad democrática, plural, intercultural, incluyente y global. Una primera competencia transversal es el examen crítico de uno mismo y de las propias tradiciones. Esta competencia se refiere, en realidad, y de acuerdo al ideal socrático, a lo que se conoce como vida examinada. El examen crítico, fundamento de la filosofía, implica el poner a prueba y consideración lo que uno piensa, lee, escucha, dice, escribe y hace. Para ello se requiere solidez en el razonamiento, exactitud en los hechos y precisión en el juicio. Pero ¿por qué cuestionar lo que creemos, lo que hacemos? ¿Para qué, cuál es el propósito de esta acción referida a uno mismo? Cobrar conciencia de lo que uno cree, de la coherencia de los propios actos, del sentido del pensar y del actuar personal debe tener un propósito. Es una tarea colindante con la psicología pero no resuelta en ella.

El examen crítico es filosofía, filosofía aplicada, por decirlo así, a uno mismo. Como consecuencia podríamos replantear objetivos en nuestra vida y asumir de otra forma la responsabilidad, tanto en términos personales, como morales, profesionales, sociales o ciudadanos que nos conciernen. Todo ello puede ser fruto de este tipo de examen. Por otro lado, el examen crítico de las propias tradiciones es la revisión de las creencias que la sociedad tiene sobre una serie de aspectos que permiten articular los bienes, los valores, las virtudes, los deberes y las normas de una sociedad.  Son las creencias que de forma tácita permiten responder a la pregunta socrática y fundamental de la ética: ¿cómo hemos de vivir? ¿Es acaso que todo camino de vida es correcto y orientado a la humanización de la humanidad? Por lo que vemos día a día, a nivel local o global, no.

Por ello la pregunta fundamental y su respuesta son motivos de profunda reflexión crítica. Lo requerido sería identificar los caminos de vida, los proyectos verdaderamente éticos y señalar con todo cuidado y precisión los que no lo son. Esta separación podría fundadarse en la convicción de que la dignidad humana es un componente constitutivo del ser humano que habría que respetar. Pero más aún,  ¿es verdad que en la vida humana de lo que se trata es de humanizar a la humanidad? Desde el punto de vista de la ética, parece que sí. Sabemos que toda acción, toda palabra modifica el mundo. Con nuestros actos lo transformamos. ¿En qué sentido los actos humanos transforman humanizando? Es posible que el cuidado de la dignidad humana y los derechos que se desprenden de su consideración, sean lo que a la postre determinen qué acciones realmente humanizan. En conclusión, el examen crítico en cualquiera de sus versiones nos aproxima a la realización de una vida digna que humanice a la humanidad.