La cómoda historia de hacerse la víctima

Dra. Angélica Camacho Aranda, profesora del Dpto. de Relaciones Internacionales del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro.

A los mexicanos nos encanta hacernos las víctimas y Trump nos ha ayudado. Nos decimos muy patriotas y celebramos el día de la Independencia con fiesta, gritos, campanas y fuegos pirotécnicos, pero en el día a día somos quienes forjamos este país con corrupción que ha construido de la clase media hacia arriba. Quienes tenemos la oportunidad de estudiar y quienes son empresarios, somos los más responsables por definir un rumbo diferente, con una independencia que se refleje en contratos dignos para los trabajadores, pago de impuestos, preocupación por la educación digna de los niños de nuestro entorno, respetado a la autoridad (porque cuando no lo hacemos, la debilitamos), exigiendo a través del compromiso ciudadano la rendición de cuentas.

México tiene una historia que se nos olvida, no leemos y preferimos quedarnos con las versiones reducidas de nuestros libros de texto, pero en realidad nuestra nación tuvo movimientos separatistas en el siglo XIX que hacen parecer un milagro que hoy seamos un país. Para mi tesis de doctorado tuve que leer sobre nuestra historia y descubrí que fueron los criollos (y no los mexicanos mestizos o indígenas) quienes hicieron la guerra  de Independencia porque sus intereses estaban afectados (recomiendo leer a Enrique Florescano y a Tomás Pérez Vejo). Sin embargo, ese fue el comienzo de un país del que deberíamos estar orgullosos.

 

México es un país atractivo para los extranjeros. Entrevistando a sobrevivientes polacos de la II Guerra Mundial que llegaron al país en 1943 como refugiados de guerra y vivieron en Guanajuato, me di cuenta de que, a pesar de que el país acababa de salir de la Guerra de los Cristeros, para los recién llegados fue un paraíso, un remanso de paz en donde pudieron jugar, comer bien, trabajar, disfrutar del sol, del campo y de la bondad de los mexicanos. Siendo directora de un departamento académico de una universidad privada, llamó mi atención el hecho de recibir solicitudes de trabajo de personas de todos los continentes que, incluso, nunca habían estado en México. Yo contraté gente de Israel, Hungría, Colombia, Cuba, España, Francia, Holanda, Canadá, Polonia, hasta donde recuerdo. Además de estos, tengo compañeros de Venezuela, la India y Brasil, entre otros.  También tenemos estudiantes a veces hasta de 42 países, que no voy a enlistar. Con esto me pongo a pensar si yo me iría a un país que no me ofrece seguridad, desarrollo profesional, lugares hermosos para visitar… definitivamente yo no me iría.

Con estas ideas quiero decir que los mexicanos en lugar de hacernos las víctimas, deberíamos analizarnos. Nos ofende que Trump quiera construir un muro para mantenernos afuera, pero construimos muros y puestos de seguridad en nuestros vecindarios. Podemos ver parques que no se usan, pero a los que no pueden entrar niños de otro barrio con el pretexto de la seguridad, igual a las razones de Trump. Para reconstruir el tejido social, debemos pensar en la inclusión y cuidar que los niños de todos los barrios tengan espacios dignos para jugar, estudiar y ser libres. Nos quejamos de la corrupción, pero no pagamos impuestos. Nos quejamos del maltrato a los mexicanos y no queremos ver cómo tratamos a los migrantes a su paso por México y a los solicitantes de visas en países como República Dominicana, Colombia, Centroamérica, etcétera… Nos quejamos de los extranjeros que llegan a México a invertir o trabajar, pero nos sentimos orgullosos de un joven mexicano que trabaja o estudia en Canadá o Europa; nos da gusto que BIMBO y CEMEX tengan inversiones y plantas en varios continentes, pero nos asusta que llegue extranjeros a invertir (por ejemplo compañías petroleras). Nos quejamos de los políticos corruptos sin pensar que son un reflejo de nosotros mismos, de lo que hemos permitido por décadas, muchas décadas y hemos disculpado con frases como “el que no transa, no avanza” o “para qué digo algo si no va a pasar nada” y hoy nos encontramos con un país en el que no pasa nada en cuestiones de justicia y no podemos detener gobernadores corruptos, a pesar de que a todas luces se nota lo que hacen…

México sí es un lugar hermoso para vivir, ofrece oportunidades, pero también reclama compromiso. Antes que quejarnos, los invito a cuestionarnos sobre lo que hacemos día a día para ser incluyentes (como queremos que nos incluyan y aprecien en países con costumbres y religiones diferentes) y no participar de lo que hace más daño al país; que celebremos que somos diferentes porque eso nos hace más ricos. Yo he vivido fuera de México y he estado en otros países. Por mucho que me hayan gustado, siempre he querido regresar a este y trabajar por él.

Me despido con una frase del filósofo Rafael Echeverría “Si queremos evitar la destrucción de nuestra especie, la clave para hacerlo está en el respeto”.