La inteligencia emocional y el emprendedor

Publicado en El Financiero, 28 de marzo, 2016. Patricia Esther Alonso Galicia, profesora investigadora del Departamento de Administración y Emprendimiento del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro.    [email protected]

Durante ya varias décadas, diversos factores sobre el emprendimiento y el emprendedor han sido estudiados. Si bien, es generalmente aceptado que la creación de empresas juega un papel importante en la generación de empleos, el incremento en la productividad y el crecimiento económico, aún existen muchas preguntas sobre los detonantes que permiten a una persona, con la intención de crear una empresa, continuar con su objetivo y convertirse en un emprendedor exitoso.

Una parte muy importante del proceso de creación de una empresa es la confianza que el emprendedor tenga en sí mismo para lograr sus objetivos a través de sus habilidades. Sin embargo, muchas veces el manejo de las emociones puede causar una percepción de falta o carencia de habilidades para llevar a cabo una tarea en específico.

Es aquí donde el ámbito de la inteligencia emocional toma relevancia, definida en 1990 por Salovey y Mayer como: “La evaluación y expresión acertada de las emociones propias y de los demás, así como la regulación de las emociones en una forma que mejora nuestra vida”, se argumenta que es incluso más importante que el coeficiente intelectual para el éxito en la vida y en la carrera profesional de los individuos.

Las personas emocionalmente inteligentes, suelen sentirse más satisfechas, eficaces y capaces de dominar hábitos mentales que determinan su productividad; y quienes, por el contrario, no pueden controlar su vida emocional, se debaten en constantes luchas internas que debilitan su capacidad de trabajo y les impiden pensar con suficiente claridad. La investigación ha reconocido cinco categorías de la inteligencia emocional: autoconocimiento, autorregulación, motivación, empatía y habilidades sociales.

El emprendedor enfrenta desde etapas tempranas muchas situaciones que ponen a prueba su competencia emocional, como el rechazo de una propuesta de venta, la negación de un financiamiento, la evaluación de un experto o consultor sobre su proyecto. Si el emprendedor logra desarrollar la capacidad de reconocer sus emociones y las de otros, estará en mejor posición para superar con éxito estos retos, en especial si tiene el apoyo de un mentor o coach.