Las elecciones intermedias en los Estados Unidos

Dra. Marisol Reyes Soto, profesora del Departamento de Relaciones Internacionales,del Tecnológico de Monterrey Campus Queré[email protected]

El fantasma de la crisis de representatividad también acecha a los políticos de las llamadas democracias consolidadas. El pasado 4 de noviembre se llevaron a cabo elecciones legislativas en los Estados Unidos para renovar 435 escaños en la Cámara de Representantes (más o menos equivalente en atribuciones a la Cámara de Diputados en México) y 36 escaños en el Senado. Los resultados fueron totalmente desfavorables para el Partido Demócrata de Barack Obama porque perdieron el control de ambas cámaras.
Muchos analistas interpretan  la derrota como una especie de referéndum sobre el desempeño del  Presidente quien ha sido castigado con la apatía de sus activos simpatizantes de antaño. Muchos de ellos prefirieron quedarse en sus domicilios y abstenerse de votar. En su segundo mandato, las iniciativas de la administración Obama se hundieron en un estancamiento legislativo que impidió procesar exitosamente las políticas públicas de largo alcance que había prometido a su electorado. En un sistema político como el norteamericano, en donde el conjunto de intereses políticos y económicos de la nación se dirimen en el Congreso, la pérdida de influencia en ambas cámaras es una de las peores noticias para el Presidente. Los estadounidenses tienen una frase específica para definir el futuro de los dos años que le restan a la administración Obama sin una legislatura favorable: El Presidente será un “pato cojo” (lame duck).
Los resultados electorales tampoco son una buena noticia para la extensa comunidad hispana y latina en los Estados Unidos ya que tradicionalmente el partido demócrata suele mostrar mayor simpatía a sus intereses, especialmente en materia migratoria. Una vez que se dieron a conocer los resultados definitivos, los grupos de latinos bien organizados han anunciado que empezarán una campaña para votar en el 2016 por el candidato presidencial que proponga reformas sustantivas en los temas de salud, educación y migración, sin importar el partido. Desafortunadamente, al menos por los dos próximos años se ve muy difícil que se puedan lograr los cambios que habían esperado muchos mexicanos que viven en el país del norte y que anhelaban un acuerdo para mejorar sus condiciones de vida y la protección de sus derechos, aún como trabajadores ilegales.