No es suficiente una ley de partidos

Marisol Reyes Soto,  profesora del departamento de Relaciones Internacionales del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro    [email protected]

En el marco de los debates que se están suscitando en torno a los temas que se podrían incluir en una nueva reforma electoral en México se ha detonado nuevamente un discurso optimista sobre la creación de una Ley de Partidos Políticos. La discusión no es nueva ya que desde el año del 2006 se han organizado múltiples foros, conferencias y mesas redondas que han evaluado los aspectos positivos y negativos de esta iniciativa.

Los que han declarado su entusiasmo con la creación de una nueva Ley argumentan que, sin ser una panacea, esta sería útil para regular con mayor eficiencia aspectos clave en la vida de los partidos como las modalidades de financiamiento, transparencia en la formación de coaliciones electorales y candidaturas comunes e independientes, además, se profundizaría en la rendición de cuentas y en la disolución de bienes de los partidos políticos con la pérdida de registro.

Para los críticos, una nuevo marco normativo no garantizaría un cambio fundamental en la situación actual de los partidos toda vez que sus mecanismos de regulación básicos ya están incluidos en la actual Ley electoral (COFIPE). También, en última instancia, en el momento de las negociaciones, los propios partidos políticos han sido precavidos para que no se modifiquen aquellos aspectos que les son inconvenientes.

En una sociedad compleja y que se rige bajo pautas democráticas, sería muy difícil pensar en la erradicación de los partidos políticos, finalmente, estos operan como entidades que aglutinan los intereses particulares en voluntades colectivas. Su presencia es necesaria para dotar de pluralidad a un sistema y evitar la concentración del poder en liderazgos personales, únicos y autoritarios. En otras palabras, tenemos que mantenerlos.

Irónicamente, a lo largo de los años, la credibilidad y confianza de la sociedad en estas entidades se ha deteriorado tanto que un nuevo marco normativo serviría sólo como un paliativo para reparar un sistema de partidos disfuncional y decadente. Desde hace mucho tiempo los partidos políticos de nuestro país perdieron su capacidad para ser auténticos representantes de los ciudadanos. Hoy en día, vemos como las grandes decisiones que afectan a la nación se toman por pequeños grupos de notables que tienen en sus manos el interés común.

Para que los mexicanos puedan confiar nuevamente en los partidos políticos se necesitan refundaciones auténticas que además de transformar las estructuras operativas y organizacionales de los partidos generen los incentivos para cambiar la mentalidad de sus élites ¿es mucho pedir?…