No solo hay que ver la portada

Alejandra Vilches Murillo, directora de las carreras de Administración Financiera y Contaduría Pública y Finanzas del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro    [email protected]

Florian Homm es asesor financiero. Es alemán, muy alto, con estudios de Harvard. Posee una enorme residencia y gran reconocimiento en el mundo financiero. Ofrece un fondo de inversión con rendimiento atractivo. De un cliente a otro se fue pasando la voz de que era buen inversionista, y poco a poco se volvió referencia para optimizar recursos monetarios.

Sin embargo, el esquema de Homm fue muy similar a Madoff. A Florian lo acaban de encarcelar en Italia, tras haberse escondido por varios años después de haber cometido fraude. Cuando lo apresaron, únicamente tenía una fracción del dinero robado.

Es impresionante que, a pesar de que el dinero es uno de los activos que más es celado por el ser humano, se pueda depositar en gente “experta” sin preguntar cuál será la estrategia que seguirán para hacernos ganar dinero. O cuando se pregunta esto, el asesor financiero lanza una serie de palabras jamás escuchadas, y no se pregunta más. A pesar de que el mundo financiero tiene su propio idioma, entenderlo es más sencillo de lo que parece. Por ejemplo, si nos dicen que estaremos invertidos en “deuda” podemos preguntar ¿qué es deuda? ¿quién me garantiza mi dinero? ¿qué riesgo tiene el emisor de esa deuda? Un buen asesor financiero debe responder cualquier pregunta de este tipo y traducir esos términos que nos generan confusión. Recordemos que el dinero es de nosotros, no de ellos.

Así mismo, el conocer quién es la persona que está manejando nuestros recursos es indispensable. ¿Para quién trabaja, inversiones previas, experiencias pasadas? Ahora bien, el instrumento financiero que nos ofrecen, ¿cómo funciona? ¿por qué da tanto interés? Recuerde: a mayor riesgo, mayor rendimiento. Tome como punto de comparación alguna tasa de instrumentos gubernamentales o la tasa de referencia (que por cierto, ya bajó a 4%) como tasas con menor riesgo para saber si lo que le presentan es razonable o el riesgo es elevado.

No nos dejemos ir por una buena portada, para descubrir, con lastimosos resultados, que no había nada dentro.