Perros: Aliados en el diagnóstico de enfermedades

La Dra. Sonia Vázquez Flores es profesora consultora de la Escuela de Bioingenierías del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro   [email protected]

La medicina humana y veterinaria están intrínsecamente ligadas, y no nada más por las enfermedades de transmisión entre animales y hombres y viceversa (zoonosis), sino porque estamos bajo un mismo medioambiente.  Compartimos agua, tierra, aire y alimentos.  Es por eso que en la actualidad se deben ver como una medicina interrelacionada bajo el concepto de “Una Salud” o “One Health”, en donde haya relaciones intrínsecas causa y efecto. En la búsqueda de diagnósticos más certeros y menos invasivos, se han estudiado alternativas para la identificación oportuna de cáncer, crisis epilépticas y enfermedades metabólicas. Como cualquier otra validación diagnóstica, se requieren estudios de especificidad, sensibilidad, repetibilidad y exactitud.  ¿Qué tiene de novedoso? Qué el diagnostico lo hacen los perros sobre el humano, bajo estricta supervisión médica.

Por ejemplo, en la detección de cáncer ovárico, la respuesta ha sido del 88% en sensibilidad (con falla en la detección del 12%) y 98 % de especificidad (no identifica casos negativos en el 2%). Nada mal como diagnóstico para no ser invasivo, siendo que la prueba diagnóstica sanguínea por biomarcadores presenta una eficiencia similar. Otro diagnóstico, es por el cambio de olor en orina y aliento en individuos con hipoglicemia, si bien hay mejores pruebas, permiten un acercamiento más gentil a un paciente ansioso. Uno de los mecanismos que permite al perro identificar diabetes tipo 1, es la eliminación de derivados como isopreno, que es detectado gracias a su capacidad de identificar aromas 100,000 veces mejor que el olfato humano. En pacientes con hipoglicemia, experimentan cambios de comportamiento como: ladridos, presionar su nariz, lamer, brincar encima del paciente, observarlo incesantemente.  La validación de este comportamiento en un estudio científico del 2015, indica que la sensibilidad presenta una amplia variabilidad (22 al 100%), mientras que la especificidad es elevada, llegando hasta el 90% en caso de perros no entrenados, es decir se equivocan en un caso negativo por cada 100.

La Fundación de Epilepsia en los Estados Unidos, tiene una sección dedicada al uso de caninos para la detección de los pródromos (primeras señales) en caso de una crisis epiléptica. Son perros entrenados para reaccionar antes que la crisis suceda, ya sea ladrando, o activando un tipo de alarma para que el paciente esté vigilado las 24 horas del día, los 7 días de la semana.  Existen estudios científicos que sustentan la utilidad de estos animales de compañía en la protección de un paciente y una sociedad destinada a entrenar a estos aliados de cuatro patas.

Además de compañía, mejorar el ambiente psicosocial, disminuir la depresión, armonizar el ritmo cardiaco, hay cientos de estudios científicos que apoyan esta forma diagnóstica primaria.  Los caninos, como aliados del paciente en la identificación temprana de condiciones metabólicas y cancerígenas, podría ser menos atemorizante.   Representa una forma amigable de darse cuenta que nuestro cuerpo está experimentando un cambio que puede tener consecuencias importantes y en algunos casos salvar la vida.