Profesionales éticos desde la universidad (3)

Fernando Arriaga es profesor del Departamento de Humanidades del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro  [email protected]        Publicado en “El Financiero” el 26 de septiembre del 2016

La educación universitaria debe tender al desarrollo en sus estudiantes de competencias propias y específicas de cada área profesional. Las llamadas competencias disciplinares y otras, llamadas transversales, deben ser los objetivos de la formación en la universidad. En efecto, la educación basada en objetivos específicos de aprendizaje entendidos como saberes teórico-conceptuales, así como las habilidades en su aplicación en diferentes situaciones, ya sea en el área industrial o de servicios, ya  no son suficientes.  Estos objetivos educativos tuvieron su momento y fueron sin duda pertinentes e importantes. Correspondían a una realidad social, política, económica y tecnológica muy  diferente de la actual.  No obstante, los estudiantes deben seguir aprendiendo este tipo de contenidos.  Pero insistir en una educación orientada solamente por este tipo de objetivos puede dar lugar a que el futuro profesional evidencie ciertas carencias  y dificultades a la hora de resolver cierto tipo de problemas que se dan en el entorno del mundo cambiante y dinámico que nos ha tocado vivir. Por consiguiente, es imprescindible desarrollar en los estudiantes competencias apropiadas para afrontar adecuadamente los nuevos retos. Hoy, por ejemplo, de lo que se trata es de resolver problemas suscitados en el entorno de la innovación tecno-científica y de los procesos de emprendimiento. Evidentemente la determinación de las competencias disciplinares específicas dependerá del perfil de egreso de acuerdo al área profesional. Las competencias que debe adquirir un ingeniero civil no serán las mismas que deberán adquirir un diseñador industrial o un médico. ¿Pero que es una competencia? Una competencia tiene más que s ver con hacer cosas que con saber cosas. Es un desempeño, sujeto a ciertos criterios de calidad, y orientado a la solución de un reto o un problema específicos. El profesional competente integrará conscientemente los conocimientos pertinentes a las habilidades necesarias y asumirá la actitud apropiada además de respetar los valores que deben sustentar su práctica. Y algo muy importante: la formación basada en las competencias profesionales debe sustentarse en la ética y en valores ciudadanos. Por ello,  la universidad debe esforzarse también por el desarrollo de las competencias llamadas transversales, como las correspondientes a la ética y la ciudadanía, entre otras. Estas competencias se agregan a la convicción de que la formación universitaria debe dirigirse por el más noble objetivo educativo que es la humanización de la humanidad, es decir, el construir un mundo mucho más humano.