Profesionales éticos desde la universidad

Fernando Arriaga es profesor del Departamento de Humanidades del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro  jfarriaga@itesm.mx  publicado en El Financiero, el lunes 5 de Diciembre del 2016.

La educación universitaria tiende actualmente al desarrollo en sus estudiantes de competencias disciplinares y transversales. Estas últimas incluyen las competencias  éticas y ciudadanas que se orientan al noble objetivo de la construcción de  un mundo mucho más humano que en el que vivimos, lo que deber ser el objetivo de toda formación universitaria que se pretenda ética.  Esto implica el desarrollo en los estudiantes del conocimiento y de las actitudes necesarias para que lleven a cabo acciones concretas que humanicen en el entorno en el que cada quien se desenvuelve o desenvolverá.

Martha Nussbaum, filósofa norteamericana referente obligado para la reflexión sobre el papel de la educación universitaria contemporánea en la promoción de una mejor sociedad, habla del  cultivo de la humanidad, mismo que se estimula a través de lo que es una educación liberal para el tiempo que nos ha tocado vivir. Es pertinente preguntarnos en qué consiste esto y de qué manera nos aseguramos de que los estudiantes realmente adquieran las competencias necesarias para ello. Nussbaum señala la necesidad de traer al currículo temas específicos para el desarrollo ético y ciudadano. Estos temas deberán siempre enmarcarse en el contexto del desarrollo del pensamiento crítico y autocrítico.

A partir de lo que designa como el autoexamen en Sócrates, sostiene que  una educación “libre” sería aquella  “…que  hace a sus alumnos libres, capaces de hacerse cargo de sus propios pensamientos y de desarrollar un examen crítico de las normas y tradiciones de la humanidad.”  Esto es fundamental si consideramos que la vida plena en una sociedad democrática y plural como a la que  aspiramos, implica el ejercicio de la libertad por los individuos, quienes habrán puesto en duda los valores y contenidos morales que habrían heredado. No olvidemos que al hablar de competencias hablamos de acciones que lleva a cabo quien posee la competencia concreta. ¿Qué tipo de acciones debemos observar en alguien para afirmar que efectivamente cuenta con esa competencia que es el pensamiento crítico y autocrítico?  Evidentemente serán acciones que manifiesten el poner en duda y el asentir o negar después de un examen profundo y extenso. ¿De qué? Todo es motivo de reflexión. Nuestra autora considera algunos temas relevantes para cuestionar: la ciudadanía global; las culturas no occidentales; los estudios de la mujer; sexualidad humana, entre otros. Por supuesto que a esos temas se deben agregar otros como los derechos humanos y su vulnerabilidad;  la libertad y diversidad sexual; la definición de familia; la libertad de expresión; la pobreza; la corrupción; la legalización de las drogas; la educación; el medio ambiente.

El futuro profesional debe contar con conocimientos, criterio ético y una actitud incluyente y respetuosa, que dignifique la vida humana, es decir, que abone a la humanización de la humanidad. Esto justifica la intención educativa de formar para el desarrollo de la competencia transversal del pensamiento crítico y autocrítico.