Reelección de la izquierda en Brasil

Dra. Marisol Reyes Soto, profesora del Departamento de Relaciones Internacionales,del Tecnológico de Monterrey Campus Queré[email protected]

El pasado domingo 26 de Octubre el electorado brasileño ratificó una vez más su preferencia por el Partido del Trabajo que se ha mantenido en el poder a lo largo de los últimos doce años. Dilma Rouseff fue reelegida para un nuevo mandato presidencial de cuatro años con el 51.6% de la votación de un padrón electoral integrado por aproximadamente 147 millones de ciudadanos.

Su triunfo, sin embargo, fue muy cerrado toda vez que su adversario político, Aécio Neves, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) obtuvo 48.3% de la votación. La “segunda vuelta” electoral arrojó la diferencia de votos más pequeña registrada en los comicios brasileños desde 1985, año en que terminó la dictadura militar. En Brasil, como en muchos países de Sudamérica, la Ley electoral permite la realización de una segunda elección en caso de que ningún candidato obtenga más del 50% de los votos válidos en la primera. Se perfilaba que sería una elección muy disputada ya que en la primera ronda Rouseff obtuvo el 41% de los votos, Neves 33% y la candidata ambientalista del Partido Socialista Brasileño (PSB), Marina Silva, el 21%.

Los comicios presidenciales dejan resultados muy trascendentes para la democracia de Brasil por varias razones: En primer lugar se demostró que, a pesar de que fue una contienda muy reñida, una vez que se anunciaron los resultados definitivos en las urnas electrónicas, el candidato perdedor aceptó sin cuestionamientos y públicamente su derrota y felicitó a la presidenta reelecta. Notoriamente, el electorado mostró una mayor preferencia por las plataformas de los partidos de centro-izquierda. Dos de los tres partidos con el mayor número de votos estuvieron representados por mujeres. La participación electoral promedio en ambas elecciones fue cercana al ochenta por ciento.

Los Estados Unidos manifestaron inmediatamente su interés por un nuevo acercamiento con Brasil después de que Rouseff canceló una visita de estado a ese país, debido al espionaje telefónico. A pesar de la decepción y descontento social que aún priva por la enorme corrupción en el sector público y privado de ese país, los brasileños salieron fortalecidos porque demostraron en las urnas su interés e involucramiento con su país.