Retos para el nuevo presidente francés. Del conservadurismo a lo antisistémico

Joel Angel Bravo Anduaga es profesor del Departamento de Relaciones Internacionales del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro. [email protected]

Conforme a lo pronosticado por  las encuestas, Emmanuel Macron será el próximo presidente francés. Alrededor de las dos terceras partes del electorado galo lo respaldó. Sin embargo, es prudente hacer las siguientes precisiones, con el fin de proporcionar elementos para un análisis más detallado de lo que sucedió y que podría acontecer en el mediano plazo en Francia y sus respectivas consecuencias regionales y mundiales.

De acuerdo a los resultados, Marine Le Pen representa a una tercera parte de los electores franceses descontentos, no solamente con el sistemapolítico, sino con la idea de una Europa amplia, incluyente y hasta hace poco abierta a ideas progresistas. Esa tercera parte tiene más que desconfianza, está enojada, temerosa e incluso tiene miedo. Un miedo a perder seguridades, tanto políticas, económicas como sociales. Igualmente, no se sabe cuántos electores de los que apoyaron al candidato de Francia Insumisa, Jean-Luc  Mélenchon, votaron por Le Pen, no para apoyarla como persona sino a su posición en contra también de un sistema que ha hecho más profunda la brecha entre ricos y pobres.

Mencionábamos hace unas semanas que había muchas posibilidades de que el próximo presidente francés viniera de estructuras políticas “antisistema”. Si bien, Macron no parece ser un líder antisistema, probablemente lo tendrá que ser para poder gobernar. Difícilmente tendrá mayoría en el legislativo y para lograr alianzas y sobre todo mantener la confianza de los franceses deberá ceder, adaptarse y ser lo suficientemente inteligente para no correr la misma suerte que el actual presidente galo, quien ha perdido credibilidad y ha influido en el descrédito de la clase política francesa tradicional.

Una de sus primeras decisiones parece que le restará simpatías a Macron en el corto plazo, en caso de que se confirme que el próximo Primer Ministro sería François Hollande. Podría ser solamente un gesto de reconocimiento a quien lo apoyó en su joven y exitosa carrera política, pero también sería un indicio de que Macron es un presidente débil, con poco margen de maniobra.

El nuevo presidente francés se mostrará como un presidente cercano, ciudadano y quizá hasta empático. Ya se verá si no tendrá que volverse antisistémico y revolucionario, para poder gobernar y evitar la caída y descrédito de la clase política tradicional, no solamente francesa sino de la europea, en general.