Un México con equidad de género

La Dra. Rocío Aldeco es Directora del Departamento de Tecnologías de Información y Electrónica del Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro.    [email protected]

Hace algunas semanas me sorprendió ver los comentarios de diversas publicaciones en los medios acerca del caso de la banda “Los ‘Porkys’ ” (presuntos violadores de Daphne ‘N’ en Veracruz). En estas publicaciones se detalla que un juez federal concede la sentencia de amparo a favor de uno de los integrantes de esta banda señalando que no existen elementos suficientes para acreditar las acusaciones del delito de pederastia. La razón específica que el juez da en la sentencia es que las acciones en contra de la víctima no fueron lascivias y que un roce no puede ser considerado violación, añadiendo que “los dedos en la vagina de la víctima no son una penetración” y que no hubo intención de “satisfacer un deseo sexual a costas del pasivo”.

Los comentarios en estas publicaciones iban desde la indignación hasta la aprobación acerca de lo sucedido. Indignación de cómo algo que la mayoría de las mujeres consideramos un ultrajo y una agresión a nuestra intimidad puede ser minimizado. Esta minimización llega al punto de ser juzgado exclusivamente por lo que el agresor tiene como intención o siente, olvidando completamente el sentir de la agredida. Aprobación de algunos que indican que efectivamente la violación sólo existe si la parte atacante lo disfruta o que esto sucede porque la parte atacada lo generó o lo incitó. Esto acompañado de los comentarios indignantes de una figura pública que se atrevió a cambiar la definición de violación por lo que él considera desde su punto de vista una violación debe ser. Me pregunto si esta persona en algún momento se ha sentido violentada o ultrajada sexualmente. Seguramente la respuesta es no, como la mayoría de los hombres de este país.

Contrario a esto, las mujeres de este país vivimos día a día el sentir de violencia sexual. No somos libres de vestirnos como deseamos porque las miradas fijas, las palabras sexuales o incluso los tocamientos sin permiso son constantes. Usualmente, aunque esto nos incomoda, nos hace sentir violentadas e inseguras, todas callamos porque la sociedad nos dice (tal cual como el juez mencionado arriba) que eso no es violencia. Por lo contrario es algo provocado por nosotras y la solución es vestirnos y comportarnos de manera diferente.

Esto sólo nos muestra que vivimos en una sociedad en donde pareciera que el sentir de todos es regido por un sólo género, que por cierto, no es sujeto de estas situaciones de violencia e inseguridad. Esto lo respaldan los números de violaciones, feminicidios, trata de blancas a la que somos sujetas las mujeres contra la cantidad de hombres que viven estas mismas situaciones. Pareciera que el hecho de que la mayoría de nuestros líderes sean del género masculino los hace insensibles a una realidad que todas las mujeres vivimos, la violencia que vivimos como mujeres no se compara con la que un hombre vive. Eso tiene un nombre: inequidad, en este caso de género.

Las políticas públicas generadas por nuestros líderes para mejorar esta inequidad no son lo suficiente poderosas ya que usualmente no toman en cuenta a las interesadas (en este caso las mujeres) y mucho menos son creadas por ellas mismas. El hecho de que la mayoría de nuestros líderes sean hombres, hace que las políticas no tengan en cuenta las necesidades y sentir de las mujeres. Estudios muestran que para mejorar la equidad en la sociedad el primer paso es tener un número mayor de líderes mujeres que sean la base de una cultura de empoderamiento y de políticas públicas que enriquezcan nuestro papel en la sociedad.

Nuestra responsabilidad como sociedad es precisamente empoderar y darle el lugar a las mujeres que se merecen. Nuestro país debe acostumbrarse a tener líderes mujeres que enriquezcan las soluciones a estas problemáticas sociales e incluyan un punto de vista más diverso. Esto podría ser un primer paso para prevenir situaciones como la polémica violación y correspondiente juicio de los ya ahora famosos ‘Porkys’.